
Irene de la Torre
Hubo un castillo
La revista Quimera és una revista referent de la literatura espanyola des del novembre del 1980 i és de periodicitat mensual. El relat va rebre la Menció del Premi Energheia España 2023.
Característiques
Títol: Hubo un castillo
Idioma original: castellà
Idioma de publicació: castellà
Autora: Irene de la Torre
Revista: Quimera
Número de la revista: 480
Gènere: relat
Data de publicació: desembre de 2023
Fragment
—Me habría gustado que me pasara a mí y no a ti, Lola.
Le digo esas palabras a mi hermana y, mientras termino la frase, mientras pronuncio la última sílaba de su nombre, esa ele que ahora me sale sonora al lado de la a final, me doy cuenta de que me ha salido desde dentro, desde algún lugar imprevisto, como si me acabara de sacar del estómago un puñal tardío e infortunado. Es algo que hasta ahora no sabía, me he dado cuenta aquí, justo delante de ella, en esta habitación de hospital sin nada en las paredes, prácticamente vacía, con las ventanas selladas. Me noto agotada, preferiría con fuerzas estar en el otro lado, oír a mi hermana decirme eso, ella a mí, que a ella le habría gustado que le pasara a ella, y no a mí.
Las dos sufrimos en ese hospital. Por lo que ha pasado, por los años que llevamos en esto, pero son dos tipos de sufrimiento distintos. No competimos, tiramos la una de la otra. Es algo que ha ido desarrollándose, que se ha ido apilando, construyendo, transformando, a lo largo de los años. Ahora nos veo a las dos de pequeñas, Lola con ocho y yo con seis. Estamos en el salón de casa de la abuela, con el hilo de voz de nuestra madre y nuestra tía, su hermana, hablando en la cocina, de fondo. El olor a café recién hecho. A pan tostado.
—Vamos a hacer un castillo con las cartas.
—¿Un castillo? ¿Cómo se hace?
Lola siempre ha sido la de las ideas brillantes. Al ser la mayor, siempre me ilumina el camino, por ahí ya ha pasado ella, ella tiene toda la lucidez, es inteligente, su inteligencia es caleidoscópica. Se pasea por la vida desde arriba, observando al resto de los mortales. Le digo que vale, como a todo lo que se le ocurre, y ella me mira con cara de triunfo, con la seguridad que tiene alguien que se siente admirado, y se deja admirar, y abre la caja de cartas y las deja todas, todas, todas, repartidas y extendidas sobre la mesa del salón. Y a mí eso me pone algo nerviosa, yo habría preferido dejar una pila bien ordenadita, sin ninguna carta que sobresalga más que otra. Pero mi hermana es así, mi hermana es siempre así.
—Es muy fácil, pero primero lo tienes que ver para poder hacerlo tú después. Ahora solo mírame cómo lo hago.
—Vale.
