
Lotte Lentes
La arena del desierto
La arena del desierto is het verhaal van de Franse Majid, een jongen die opgroeit in de achterbuurten van Roubaix en er alles aan doet om gezien te worden. Nouvelle van Lotte Lentes.
Meer informatie
Originele taal: Nederlands
Vertaling in: Spaans
Auteur: Lotte Lentes
Vertaler: Irene de la Torre
Uitgeverij: Lengua de trapo
Literair genre: nouvelle
Publicatiedatum: oktober 2020
ISBN: 978-84-8381-247-1
Oorspronkelijke titel: De jongen, het stof
Oorspronkelijke uitgeverij: Wintertuin
Jaar van uitgave van het origineel: 2015
Deze publicatie is ondersteund door het Nederlands Letterenfonds.
Fragment
Luego me explicaron que los perros habían llegado el mismo día que yo. Los siete galgos fueron lo primero que vi al bajarme del destartalado Toyota que me había llevado con otros dos chicos de Ajtarin a Alepo. Me habían anunciado que me trasladarían a una cárcel. En un primer momento pensé que me encerrarían por lo que había pasado, pero el conductor del jeep soltó una fuerte carcajada cuando se lo pregunté discretamente. Circulamos por carreteras mal asfaltadas, suburbios desiertos arrasados por las bombas, kilómetros de hierba y arena. A los limpiaparabrisas les costó cada vez más trabajo arrastrar el polvo hacia uno y otro extremo.
—No eres ni mucho menos el primero que empieza con demasiado entusiasmo.
Intentó en vano poner la radio, solo cambió de frecuencia las interferencias. En la empuñadura del arma que llevó en el regazo durante todo el trayecto había una pegatina de un personaje de cómic que yo desconocía. No estaba bien pegada, debajo había burbujas de aire.
—Si tuviésemos que sancionar eso, en una semana tendríamos que enviaros a todos de vuelta a casa, o bien encarcelaros. Pero ¿qué sentido tendría?
El hombre me dijo que me asignarían pequeñas tareas en la cárcel. «Trabajo de apoyo», así lo llamaba. También mencionó que no debía preocuparme en absoluto por haber sido retirado del frente después de solo tres días.
—Se trabaja mejor en la cárcel—añadió—. Es más tranquilo, hay más comida, electricidad, ese tipo de cosas, y puedes llamar a los tuyos cuando quieras.
Con esto último pretendía sin duda tranquilizarme, pero estar sentado junto a él en ese jeep me parecía ya un castigo. No había viajado de Roubaix a Alepo para hacer de carcelero, habían prometido convertirme en un combatiente.