Gotas de lluvia caen,
sobre calcetines colgados afuera.
Desatendidos por cuestiones,
de nuestra gran vida moderna.

Clínicas de psicólogos,
que ahora están llenas.
Gente desesperada
camina por la acera.

Niños sin cariño,
por nuestras vidas en alerta.
Ilusiones perdidas,
por horas de oficina.

Dinero gastado,
en lo único que nos queda:
nuestras últimas drogas,
que ahora dan pena.

Acordes de guitarra,
se enfadan en espera.
Colillas de tabaco,
que nos recuerdan…

…que el tiempo se para,
en esos minutos de ausencia.

Despertadores que suenan,
pájaros que alternan.

Vacaciones esperadas,
que solo encienden la linterna,
que después se apaga
y volvemos a la verdad eterna.

Ya nadie aguanta,
pero nadie se queja.

El positivismo se esconde,
las sonrisas hibernan.

Rayos de sol que tras las nubes sueñan,
en otra posibilidad,
en que hay vida tras la niebla.

Distracciones varias,
vidas paralelas.

Tiempo perdido,
en carteras llenas.
De felicidad,
disfrazada en materia.

El dinero escasea,
ellos se lo inventan.
Asuntos creativos,
al final de nuestra agenda.

Uniformes transforman,
nuestras buenas maneras.
Cervezas frías,
te esperan en la nevera.

Arco iris confundidos,
atienden su presencia.
Al final de nuestras vidas,
donde ya nada cuenta.

Donde pasan las horas,
en el reloj de la iglesia.
Y vuelan palomas,
a las que ya nadie observa.

Pensamos en nuestro bolsillo,
en el que sobran tarjetas.
Lágrimas al borde,
de una crisis de existencia.

Demasiadas opciones,
ninguna la correcta.
Golpes de tambores,
mueren banderas.

El poder contempla,
nuestras noches en vela.
Mientras emprende su viaje
a pequeñas islas desiertas.

Ya nada cambia,
las enfermedades aumentan.
Y las estanterías están repletas
de libros sin letras.

Ni palabras que describan,
nuestra gran vida moderna.

Irene de la Torre

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