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¿A qué te dedicas? ¿Cómo? ¿Qué es eso?

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Correctora es un oficio prácticamente desconocido y muy poco valorado. Sin embargo, contrariamente a lo que muchos piensan, la fase de corrección es igual o más importante que la de traducción o redacción.

Precisamente cuanto más invisible sea un corrector, mejor hará su trabajo. Nadie se da cuenta de lo que hacen, sin embargo, el texto en cuestión llega a menudo intacto en manos del cliente. ¿Quién se encargó de eso? ¿El traductor o el corrector? Pues, en la mayoría de casos, el corrector.

Seguramente sean muchos los que piensen que la figura del corrector es prescindible, puesto que el traductor es responsable de su trabajo y él ya se encarga de que llegue sin faltas ni errores. Sin embargo, por muy profesional que sea un traductor, la fase de corrección se hace imprescindible, y mi intención aquí es explicar por qué.

En primer lugar, todos sabemos que cuando escribimos o traducimos un texto, nos hacemos dueños de él, y que cada vez que lo leemos y revisamos no caemos en esa errata que está ahí, pero que nuestros ojos ya se acostumbraron a verla, y ya no se percatan. Por eso es necesario que otra persona lea el texto, menos acostumbrada a él, ya que en una primera lectura encontrará errores que quizás nosotros no llegaríamos a encontrar nunca.

En segundo lugar, los traductores deben ceñirse a estrictos plazos de entrega, lo que hace que traduzcan muy rápidamente, que no tengan tiempo para revisar como tocaría y que, por ello, se les escapen errores graves por falta de atención y el hecho de ir contrarreloj.

Finalmente, pienso que un traductor a la hora de traducir un texto, sabe que detrás de él va a venir otra persona, el corrector, que va a encargarse de detectar los errores y modificar el texto. Por esta razón, el traductor a menudo traduce inconscientemente con esta idea, por lo que no se preocupa de hacer una traducción perfecta, y se ahorra ese tiempo de más en revisar su texto que puede ganar, por ejemplo, empezando otros encargos de traducción. Siguen sin dedicar el 100% de su esfuerzo porque las agencias les seguirán contactando, ya que consideran estos errores normales.

Durante el ejercicio de esta profesión, me he ido encontrando fallos graciosos y a la vez graves, fallos que cuando los localizas, como si se tratara de un juego, te entran ganas de decírselo al cliente, de explicarle cómo has salvado ese texto: de cómo habías escrito la palabra amenizar cuando el traductor escribió amenazar; o de cómo cambiaste alejados de un hotel por alojados en el hotel. Tras un tiempo en esta profesión, ya no puedo ver un texto sin sacarle 100 fallos. Ya no me puedo sentar tranquila en un restaurante y pedir entretenimientos en lugar de entrantes. O no puedo comprar sobrasada en una tienda que vende sobrassada. Ni sentirme cómoda en un hotel donde una nota en la puerta escribe Estimados clientes traducido como Gentelmen clients.

La tarea del corrector se resume en:

  1. Comprobar que la traducción esté correcta: que no haya falsos sentidos.
  2. Asegurarse de que no haya omisiones: que todo esté traducido.
  3. Comprobar la ortografía y el tono del texto teniendo en cuenta su función.
  4. A menudo arreglar el formato: ha de ser idéntico al del texto original.

Por otro lado, están los típicos correctores que, para justificar su trabajo, cambian una frase entera por otra que a ellos “les suena mejor” pero cuyo mensaje después de leerla es el mismo, es simplemente una cuestión de estilo. Si la frase dice lo mismo pero de diferente manera, a no ser que se deba adaptar a los requisitos del cliente, se debe dejar intacta, ya que el traductor también tiene su estilo, y lo tenemos que respetar. No pasa nada si somos correctores pero no hemos modificado nada, ya que hemos comprobado los cuatro puntos anteriores y nos hemos dado cuenta de que están bien.

Consejos:

  • Si es una corrección de una traducción, siempre tenemos que remitirnos al texto original para ver los posibles fallos u omisiones en la traducción, por lo que se hace imprescindible dominar los dos idiomas.
  • Siempre tenemos que corregir un texto escrito en nuestra lengua materna.
  • Si es una corrección de un texto escrito en nuestra lengua materna por una persona cuya lengua materna es otra, debemos estar en constante contacto con el cliente, para saber lo que quiere decir en cada momento. Si es posible, también deberíamos dominar el idioma de esa persona, aunque no es imprescindible si ésta se hace entender bien en español.
  • Es mejor imprimir un texto y revisarlo sobre papel que en el ordenador, ya que siempre nos daremos cuenta de otros fallos. Sin embargo, por la longitud de algunos textos, este paso se puede saltar.
  • Cuatro ojos ven más que dos, pero seis ojos no estarían mal tampoco.
  • El traductor tiene que tener en cuenta los posibles falsos amigos, por lo que ha de meterse en la mente del traductor, lo que conlleva dominar la lengua materna del mismo, y pensar qué fallos ha podido cometer teniendo en cuenta su lengua materna.

A pesar de todas las fases y ojos por los que pase la corrección de un texto, siempre nos iremos a dormir leyendo una novela que tenga una palabra mal acentuada, o tenga una coma mal colocada. Espero haber concienciado un poco sobre este increíble oficio que, para ejercerlo te tiene que gustar, y yo disfruto con él.

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