F2470019Nieve. Sol. Bicicletas. Podías cerrar los ojos y estar allí de nuevo. Sint-Pietersniewstraat con cientos de estudiantes bajando la calle en bicicleta, cerca de las seis de la tarde, para ir a sus casas a cenar. Pero los abrías y estabas aquí. Al final las caras son diferentes, pero las personas son las mismas. Aquí y allí. Daba igual donde decidieras vivir. Cuando estabas allí: siesta y tortilla de patata. Ahora aquí: cenas a las siete de la tarde. Cereales a las diez. Cerveza importada. Ahora te empeñas en recordar el estilo de vida de allí. Y el piano allí sonaba a desahogo, a una voz amiga, aquí sólo a melancolía, nostalgia. Y aquí todavía al salir el sol maldecías estar adentro, cuando lo tienes todo el día. Eso era, no te habías adaptado todavía. Y cuando llovía, si es que lo hacía, querías que lloviera, lo necesitabas. Allí no. Aquí veías a los repartidores de flyers en bicicleta, esa eras tú allí. Ellos seguramente maldecían el calor, los cuarenta grados. Mientras tú allí maldecías la nieve, el hielo, el frío, los -15 grados y sólo tener esas deportivas que no servían para la nieve. Y aquí veías los dispensadores de aire de las terrazas, te reías. Allí se estilaban las mantas en las sillas, que nadie iba a robar. Nadie. Siempre había el mismo número. Aquí los helados se derretían. Allí el hielo de la nieve se usaba como nevera. Aquí ibas a tomar un café a las nueve de la mañana y los viejos del bar hablaban de si llovería. Allí de cuándo saldría el sol, se sabían el pronóstico del tiempo de memoria. Eran capaces de recitarte la semana entera…. todo es igual pero al revés. Ya daba igual el dónde.

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